Cómo detectar a un mentiroso

Lenguaje corporal

¿Cómo saber leer esas pequeñas evidencia que delatan al mentiroso? ¿Cuáles son los gestos y posturas que acompañan no sólo a la mentira, sino a las emociones que desencadena el hecho de mentir? En esta nota, todo lo que debe tener en cuenta para descubrir al embustero, y actuar en consecuencia.

LO IMPORTANTE:

  • Leer los gestos.

La mentira siempre se evidencia: por la voz, la mirada, las manos…

LO IMPRESCIDIBLE:

  • Prestar atención a la intuición.

Si sentimos que nos mienten, es probable que así sea.

¿Quién no recuerda la historia de Pinocho al que le crecía la nariz cada vez que mentía? Las personas también como este personaje, solemos dejar indicios que delatan la falta de autenticidad de nuestro relato. Esto sucede sencillamente porque somos permeables y las emociones –de frustración, recelo o satisfacción- se nos cuelan involuntariamente a través de la piel. En uno de sus trabajos sobre el inconciente, Freud escribió: “Quien tenga ojos para ver y oídos para oír puede convencerse a sí mismo de que ningún mortal es capaz de guardar un secreto. Lo que sus labios callan, lo dicen sus dedos; cada uno de sus poros lo traiciona”.

Sin embargo, a veces caemos en la trampa y creemos –a rajatabla- el cuento que alguien nos teje con maestría. Pero quédese tranquilo, hasta el mejor embustero tiene un talón de Aquiles. Estar atentos es, por supuesto, uno de los mejores escudos contra la mentira, pero existe otro que rara vez nos falla: esa sensación intransferible, casi inenarrable, de que algo no está en su lugar -como cuando comenzamos a armar un rompecabezas y tenemos la impresión de que nos falta una pieza. Es un vestigio que nos cruza el pensamiento de manera fugaz y que aún habiendo transitado ya ese momento particular, se empecina en traernos a la cabeza una y otra vez “La Situación”. Ese no poder dejar atrás un episodio, una explicación o una mirada, es el mejor de los alertas contra el embuste y también el punto de partida para comenzar a reconstruir las señales del engaño.

Mentiras de distinto tipo

Pensemos en una escena de la vida cotidiana: una mujer vuelve a casa con un bonito par de zapatos nuevos. Para su marido sólo es “otro” par de zapatos –bonitos sí, pero “otro” al fin- que se suma a la legión de zapatos del placard de su esposa. La pregunta no tarda en llegar: “¿cuánto te costaron?”. La esposa repregunta con aire distraído “¿qué cuánto me costaron? –primer indicio de una posible mentira-. Una ganga porque estaban en liquidación por cambio de temporada.”. Ríe y agrega como al pasar: “ciento cuarenta pesos”. De poder chequear en la factura de compra –que por cierto no aparecerá jamás en la vida- el marido apreciaría una diferencia de ochenta pesos sobre el precio que le comentó su esposa. Y sí, eso claramente es una mentira por falseamiento. Quien falsea retiene información verdadera y agrega información falsa como si fuese cierta.

Veamos otra situación: vamos a la muestra de arte de un buen amigo y en la galería nos encontramos con viejos compañeros, colegas y… con esa ex novia cuyo final “dramático” nos relegó años atrás a dos sesiones de terapia por semana. Al llegar a casa le contamos a nuestra pareja acerca de las esculturas suntuosas, el buen vino que servían y la alegría que nos provocó ver a nuestros antiguos compañero de facultad después de tanto tiempo. Pero eso sí, de esa morocha que nos rompió el corazón y con quien compartimos un brindis al paso esa misma noche, ni una palabra. Esto es la mentira por ocultamiento. El mentiroso que oculta retiene información sin decir nada que falte a la verdad.

Si nuestra pareja está atenta y no hace caso omiso de esa extraña sensación que le provoca nuestro tono desenfadado o la mirada boba con la que hablamos de la galería de arte, la mentira está a un paso de ser despedazada.

A favor de la mentira

En su libro “Cómo detectar mentiras”, Paul Ekman -profesor de psicología de la Universidad de California, asesor del FBI y uno de los investigadores más prolíficos en el campo de las mentiras- nos dice lisa y llanamente “todos mienten”. Y agrega “pero si nunca pudiéramos mentir la vida resultaría más difícil y mantener las relaciones, más arduo. Se perdería la cortesía, el afán de suavizar las cosas, de ocultar aquellos sentimientos propios que uno querría no tener”.

Las 3 emociones del mentiroso

De todas las emociones que le corren por las venas al embustero cuando miente, tres de ellas son las grandes responsables de que sea descubierto:

  1. El temor a ser atrapado.
  2. El sentimiento de culpa que le genera decir una mentira.
  3. La satisfacción de saber que hemos caído en su trampa.

Y todas ellas se encargan de volverse visibles en el cuerpo. Así como la fiebre es un síntoma y no una enfermedad en sí misma, ciertas conductas ponen de manifiesto que el acto de engañar ha sido ejecutado. Aprender a leer estos subtítulos nos vuelve paulatinamente más sensibles a percibir los cambios actitudinales que acompañan al mentiroso.

Cómo detectar a un mentiroso

  • Uno de los aspectos centrales a tener en cuenta es la falta de sincronización corporal –como cuando se apunta con el dedo pero se dirige la mirada en otra dirección- que manifiesta el mentiroso. Esto ocurre generalmente al inventar o falsear información, cuando la mente se distrae y el cuerpo se comporta con falta de coherencia.
  • Repetir la pregunta. Sea total o parcialmente. Imaginemos un ejemplo rápido. Ella pregunta: “mi amor ¿por qué tardaste tanto en el gimnasio?”. Y él le responde: “¿En el gimnasio?” o “¿Por qué tardé tanto?”. En esas milésimas de segundo que el mentiroso gana repitiendo la pregunta, puede comenzar a construir una respuesta que resulte verosímil. Es una táctica –simple pero útil- para ganar algo de tiempo.
  • Los gestos de autosilenciamiento. En uno de sus libros titulado “El lenguaje del cuerpo”, Allan Pease explica que la mayor parte de los gestos adultos son en realidad el resultado de la metamorfosis que sufren los gestos de los niños para llamar cada vez menos la atención. Cuando un niño escucha una mentira –o una mala palabra, por ejemplo- suele taparse la boca con las dos manos. De la misma manera, cuando somos adultos y escuchamos nuestra propia mentira, tendemos no ya a cubrirnos ostensiblemente la boca, sino a ejecutar algún gesto más sutil, como rozarnos las comisuras de los labios o ubicar fugazmente el dedo índice perpendicular a los labios como cuando pedimos silencio.
  • La mirada extrema. La filosofía barata acerca del lenguaje corporal sostiene que el mentiroso esquiva los ojos de su interlocutor. Y esto lo sabe de sobra el propio embaucador que intentará volver mucho más creíble su actuación sosteniendo la mirada hasta las últimas circunstancias. Pero no todo es tan simple y una mirada extremadamente esquiva, también funciona como un buen indicador de que un engaño se está llevando a cabo. En uno u otro caso, los extremos deberían llamarnos la atención.
  • Explicar innecesariamente. Si sentamos a dos adolescentes frente a nosotros y les hacemos al mismo tiempo la misma pregunta, por ejemplo: “¿Quién de ustedes vació la botella de whisky etiqueta azul que papá guarda en la biblioteca?”. El “inocente” va a tomarse su tiempo, preguntar qué pasó con la botella y terminar afirmando que no tiene ni la menor idea de qué ocurrió ni cuándo. El “culpable”, en cambio, va a responder rápida y torrencialmente –incluso antes que el inocente-, dando explicaciones que nadie le pidió, justificando con detalles innecesarios y esquivando la respuesta concreta.
  • Cambios en el tono y volumen de la voz. Cuando una persona miente, su voz se vuelve drásticamente grave y baja su intensidad hasta en un 50 porciento. Siete de cada diez personas perciben estos cambios en su voz cuando ocultan o falsean información. Habitualmente el volumen baja durante la mentira y retoma su tono y volumen habituales al terminarla.
  • La sonrisa de autosatisfacción. La sonrisa es un gesto que el mentiroso utiliza con asiduidad porque le permite enmascarar otras emociones que podrían ponerlo en evidencia. Pero entre las sonrisas que suelen acompañar la mentira, la de autosatisfacción se destaca porque trasluce el deleite que el mentiroso siente por haber sido convincente. Esta sonrisa es fugaz, breve, hunde levemente ambas comisuras en dirección a las orejas, suele acompañarse con una inclinación de la cabeza hacia atrás y se sofoca rápidamente.

(Los gestos que delatan)

  • Otro comportamiento clásico es el de autoconsolación –alisarse un mechón de pelo, acariciarse furtivamente el antebrazo o el dorso de la mano con el pulgar. La persona que ejecuta estos gestos busca reconfortarse a sí misma ante la angustia o el sentimiento de culpa que le despierta mentir. Es una forma de decirse a uno mismo “bueno, tranquilo, no es para tanto”.
  • Las cejas en forma de carpa. Cuando mienten, muchas personas se sienten invadidas por sentimientos de angustia, lo que provoca no sólo una actividad muy intensa en los músculos de la frente, sino la configuración de las cejas en forma de V invertida. Esas posición de las cejas, presente habitualmente en las manifestaciones de tristeza, se filtra involuntariamente en el embustero y es plenamente visible para quien permanece atento.
  • La mano que explica. Uno de los gestos habituales que acompañan la mentira es levantar uno de los hombros y rotar la mano –que cuelga del brazo laxo del mismo lado- hacia afuera. Imagine que le pregunta a un compañero de trabajo con perplejidad: “¿dónde está la carpeta?”. Ese ademán que sostiene la pregunta es similar al que aparece en el embaucador. Es un gesto típico de justificación que, si fuésemos niños, aparecería al decir “y yo qué sé quién rompió ese plato con la pelota”.
  • Las sonrisas encubridoras de emociones negativas –como el miedo o la culpa- suelen presentan mayor intensidad en uno de los lados de la boca, no movilizan los músculos que rodean los ojos ni elevan las mejillas, generalmente son estáticas y duran más tiempo que las sonrisas espontáneas. Además, estas sonrisas no bajan las cejas, gesto que sólo logran articular las auténticas.

¿Por qué no nos damos cuenta de que nos están engañando?

Desenmascarar a un mentiroso no es grato y en muchas ocasiones nos arroja a un océano de discusiones y careos incómodos. Serrat lo dice en una de sus canciones con su poética: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Si parece tan claro el repertorio de acciones que pone en evidencia al mentiroso, ¿por qué a veces nos resulta tan complicado darnos cuenta de que nos están engañando? Los motivos más fuertes están profundamente anclados en nuestra cultura:

  • No hay peor ciego… No sólo no podemos sostenerlo emocionalmente, sino que muchas veces no queremos convertirnos en eximios cazadores de mentiras porque nuestra vida entera sería pura incertidumbre. Muchas veces nos mienten, incluso las personas de nuestra mayor confianza, y esas mentiritas (las “piadosas” como dirían las abuelas) no nos perjudican ni afectan negativamente nuestra cotidianeidad. Entonces, y aunque nos despiertan esa sensación de alerta de la que tanto hemos hablado, simplemente las dejamos pasar. Hacemos, palabras más, palabras menos, la “vista gorda”.
  • El segundo motivo está fuertemente ligado a nuestra educación y especialmente a la idea de “no meternos donde no nos llaman”. Esto es precisamente lo que sucede cuando nos encontramos con alguien que conocemos por la calle. Habitualmente le preguntamos “¿cómo andás?”, y aunque escuchamos un “todo bien ¿y vos?” sabemos -mediante ciertas señales de su rostro- que las cosas no van tan bien como quiere hacernos parecer. Sin embargo y pese a los signos evidentes no indagamos ni repreguntamos, sólo le seguimos la corriente.
  • El tercer motivo pone como protagonista al engañado, que en muchas ocasiones tiene tanto interés en creer la mentira como el embaucador en decirla. Una situación familiar lo ilustra de maravillas: ella se enfunda a presión un pantalón que hace dos años le quedaba holgado y entre soplido y resoplido le pregunta a su pareja “decime la verdad ¿vos me ves más rellenita?”. Esto deja a la pareja frente a una aporía (un callejón sin salida). Si él le dice honesta y raudamente que sí, seguramente desencadene el enojo de su mujer. Pero él sabe lo que ella quiere oír y va a darle justo en el blanco. Sonríe y le dice simplemente “no, amor, estás igual que siempre, en serio”. Y ella, refutando las leyes del universo de la física, le cree.

La mentira nos acompaña desde siempre…

Detectar una mentira puede no resultar tan fácil como parece pero tenemos un gran punto a favor: somos imperfectamente capaces al mentir. Eso, por supuesto, no significa que no mintamos. Una persona “normal” –no el mentiroso patológico- miente un promedio de 3 veces cada 15 minutos. Sí, así como lo oye. Seguramente se estará preguntando cómo es posible sostener semejante ranking, y la respuesta es sencilla: porque mentir no es solamente inventar, sino también ocultar y tergiversar información.

Numerosas investigaciones en el campo del lenguaje corporal apuntan hacia la mentira y el ocultamiento. Basta recordar algunas de las cosmogonías más populares para comprender que este tema ha sido históricamente un aspecto apasionante en la biografía humana. Recordemos la mentira “original” –no por lo ingeniosa sino porque lo iniciática- de Adán y Eva, o el artificio que los griegos tejieron con un enorme caballo de madera para irrumpir en la antigua ciudad de Troya.

Milenios mediante, los artilugios para mentir parecieran haberse refinado pero así también el ojo que puede revelar, cuestionar, resaltar –como con un fibrón imaginario- las pistas que exponen el embuste.

La reflexión, en todo caso, se despliega a partir de una simple pregunta: ¿es posible sostener todos y cada uno de nuestros vínculos diciendo absoluta y cotidianamente la verdad? Podemos intentarlo, pero por las dudas abra bien los ojos y no se deje engañar.

El mentiroso experto es capaz de sostener largo tiempo la mirada fija pero difícilmente pueda controlar su parpadeo, dado que es uno de los movimientos que se realizan involuntariamente cuando experimentamos una emoción muy intensa.

Señales que pueden delatar a un mentiroso

  • La respiración del que miente se acelera y se vuelve más superficial. Parece que se queda sin respiración al hablar.
  • El aumento de la adrenalina puede hacer que se le seque la boca y que tenga que pasarse la lengua por los labios.
  • Tragar con exageración. Se debe a que la tensión muscular en el cuello estrecha la garganta.
  • Juguetear excesivamente con un objeto. Esto puede indicar que el sistema nervioso simpático se ha activado, y con él, el deseo de luchar o huir. Al reprimirlo aparecen movimientos nerviosos.
  • Rascarse, sobre todo la parte posterior de la cabeza. Tocarse de este modo tranquiliza y alivia.
  • Es habitual que, durante la mentira, se rompa el contacto visual. Es posible que el mentiroso crea que los ojos transmiten demasiada información. Esta pequeña señal de “bloqueo”, puede indicar el momento en que ya no aguanta más la presión.
  • Contacto visual excesivo e intencionado. Puede ser que sepan que desviar la mirada transmite falta de sinceridad y opten por quedarse mirando fijamente.
  • Gestos de distracción: emplear las manos u objetos para distraer a la persona de lo que le está diciendo.
  • Alteraciones del discurso: tartamudeo, repeticiones, pausas
  • Hinchar el pecho para aliviar la tensión.
  • Los gestos de las manos aparecen después de las palabras.
  • Sentarse muy quieto, más de lo normal.

“La biblia del lenguaje corporal”, Judi James.  

¿Cómo detectar cuando él nos miente?

Reportaje a Adriana Guraieb, Psicóloga y Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina .

Poder detectar cuando nos mienten, lleva un arduo trabajo de observación. Pero aquí no sólo se trata de prestar atención a lo que nos dice, sino también al lenguaje corporal que acompaña a las palabras. En esta nota, la licenciada Adriana Guraieb nos da distintas herramientas para revelar mensajes ocultos, y leer los indicios que se esconden detrás de algunos comportamientos.

Licenciada, ¿Cómo detectar cuando nuestra pareja nos miente?

Antes que nada quiero aclarar que las reflexiones que voy a hacer son tendencias o generalizaciones de las que algunas minorías pueden estar excluidas. Y sabiendo esto, considero que siempre que estemos atentos, seamos objetivos, y el enamoramiento no nos ciegue, es posible “darse cuenta” cuando nuestra pareja nos miente. Y cuando digo pareja, digo hombre y mujer, porque ambos podemos mentir.

¿De qué manera nos damos cuenta?

Las mentiras se pueden detectar, porque suelen implicar emociones que se filtran en los enunciados. Y la culpa o la incomodidad de mentir, le genera a quien lo hace, una lucha emocional interna. Pero tengamos presente que estamos pensando en mentirosos que sufren remordimiento o estrés al hacerlo. Porque hay otras personas que se sienten cómodas o naturales con la mentira, y no muestran indicadores de malestar. Y aquí podemos estar hablando de manipuladores de la palabra o de algo patológico.

¿En qué momento comienzan las mentiras en una relación de pareja?

Esto es variable. Por un lado, hay relaciones que ya comienzan con mentiras: acercadelestado civil, económico, psicológico, laboral. Pero también existe otro formato de parejas que no han tenido nunca un buen anclaje en la comunicación, lo que obstaculiza la posibilidad de sincerarse en el momento que sea conveniente. Entonces la pareja comienza a sumirse en un deterioro lento, imperceptible, pero lamentablemente dañino. Y esto, a la larga o a la corta, los afectará  negativamente.

¿Cómo afecta la mentira a una pareja? ¿Qué daños puede causar?

Todo lo que tenga que ver con situaciones cotidianas de vivir una vida de mentiras y ocultamientos, traerá un sinfín de efectos psicológicos y somáticos. La mentira suele perjudicar a la pareja, produciendo situaciones de alta tensión entre ellos, desconfianza, violencia verbal, recriminaciones, resentimientos. Y en el aspecto somático, puede provocar afecciones respiratorias, asma y cardíacas; y por supuesto, el tan temido estrés.

¿Cuáles son los motivos más comunes por los que se miente en una relación?

Las causas pueden ser múltiples. Desde inmadurez afectiva (que conlleva el no cumplir en la práctica, con el compromiso asumido con la palabra), hasta la manipulación consciente para engañar con el propósito de no renunciar a nada. Aquí, se trata de personas que quieren funcionarcomocomprometidos un rato y descomprometidos otros momentos; con la novia/o por un lado, y a la vez conociendo y seduciendo otras personas.

¿Cuáles son las características más comunes del mentiroso?

Para hablar de las característicasdelmentiroso, podemos decir que suele tratarse de personalidades que tienden a ser evitativas ante algunas verificaciones o confrontaciones. Por ejemplo, si la pareja lo acusa de infidelidad, es probable que trate por todos los medios de no nombrar a la persona sobre la que miente. Suelen preparar una especie de escenario para representar su argumento, previamente ensayado. Si hablamos de un mentiroso habitual, por ejemplo, ante la clásica pregunta “¿Qué hiciste el fin de semana?”, las respuestas tienden a ser neutras o no peligrosas. Por ejemplo: “Fui a visitar a mis padres, a mis hermanos, a un amigo, estuve con gente”.

¿Y nunca se equivocan?

Hay que tener presente que si el libreto está ensayado,  el mentiroso no se equivoca. Y en el caso que no haya tenido suficiente tiempo para el ensayo, tratará de hablar un poco más rápido de lo habitual, porque está en problemas y ansía que termine el momento que está atravesando. También es frecuente que apele a frases talescomo“espero que me creas”, “yo soy muy sincero/a”,  “te quiero de verdad”. En fin, formulaciones que en situaciones naturales no son necesarias de subrayar. También tienden a restar importancia, o minimizar el acontecimiento con enunciados talescomo“yo solamente estuve allí de casualidad” o “yo sólo me acerqué para preguntarle algodeltrabajo”. Son intentos de convencer que no es relevante, o no es significativo el motivodelreproche.

¿Y que le pasa al mentiroso/a? ¿Tiene falta de confianza en que no será  entendido si explica de verdad lo que sucedió? ¿Intenta engañar premeditadamente? ¿Miente para no hacerse cargo de sus responsabilidades?

Cualquiera de estas opciones se puede pensar. ¿Por qué se llega a ser mentiroso, por qué la gente miente? Desde luego no todas las personas mienten por las mismas razones. La mentira es fundamentalmente subjetiva. Hay quienes mienten para “salvar” una situación y que el problema no empeore. Otras personas mienten para no hacer sufrir a alguien. También se miente para no quedar mal, no hacer un papelón, o por vergüenza. Se miente para lograr ser aceptado, o evitar rechazos ante la posibilidad de que los demás conozcan la verdadera historia familiar, o económicadelque miente.

¿Cuáles son las formulaciones verbales más frecuentes para intentar convencer de que se está diciendo la verdad cuando se está mintiendo?

Aquí hay enunciados verbales talescomo: “hago/haré lo que pueda” o “no me pidas más”… Estas palabras son el preludio de un acontecimiento inevitable, puescomosubtexto lo que está diciendo la persona es “no confíes en mi capacidad para hacerlo y si fracaso, yo lo intenté”. O sea que quien dice “intentar”, no está comprometiéndose de manera cabal, no quedan mal, y a la vez no se comprometen.

¿Hay frases específicas que podemos tener en cuenta para saber si nos mienten?

A modo de síntesis serían:

1.- “Te estoy diciendo la verdad”

2.- “¿Cómo puede ser que  no creas en mí?”

3.- “Confía en mí”.

4.- “No pasa nada”.

5.- “Te estoy hablando con toda franqueza”.

6.- “Si tengo algo que decirte, no voy a estar dando tantas vueltas”.

7.- “¿Otra vez con lo mismo?”.

8.- “Te juro que no fui yo”.

¿Todos mentimos?

Lo cierto es que todos mentimos. Ya desde pequeños aprendemos las primeras nociones de la verdad y de la mentira. Por un lado nuestros padres nos decían que había que decir la verdad, pero si nos regalaban un juguete que era horrible y decíamos la verdad, obteníamos una respuesta negativa, a veces un reproche, un reto. Entonces ya desde chiquitos aprendemos que a veces hay que decir la verdad y otras veces hay que callar.

¿Hay edades más propensas a la mentira?

Hay estudios realizados con americanos y europeos que han reflejado que a mayor juventud, mayor probabilidad de mentira. Y esta tendencia va declinando después de los 30 años aproximadamente. En realidad, la matrizdelcomportamiento mentiroso se aprende en la infancia, vía los padres, pues a veces la verdad puede ser un acto de mala educación. Por ejemplo “no le des vuelta la cara a tu abuela cuando te quiere besar” y en simultánea, a la manera de un doble discurso, se les enseña que la mejor virtud en la vida es la sinceridad.

¿Mentir es una necesidad?

¿Cómo sería el mundo si todos y cada uno de nosotros dijéramos las palabras exactas de todo lo que nos pasa? Mentir tiene sus beneficios, surgecomonecesidad ante una amenaza real o fantaseada de perder nuestro lugar, nuestro prestigio, nuestra relación amorosa.

¿Varían las mentiras según el sexo?

Yo estimo que hombres y mujeres mentimos. No podría especificar con un “mentirómetro” cuál de los dos géneros miente más. Quizá sí pueda inclinarme a pensar que el contenido de la mentira puede diferir. Habría una tendencia de la mujer a mentir para que el otro se sienta bien; mientras que los hombres suelen hacerlo para ellos quedar bien. Siempre teniendo en cuenta que es una generalidad, podemos pensar que a las mujeres les cuesta más mentir sobre sus sentimientos, mientras que los varones mienten a veces para evitar discusiones.

¿Hay mentiras saludables y otras dañinas? ¿Cómo las diferenciamos en una relación de pareja?

Es importante destacar, por antipático que suene, que la mentira no es ni mala ni buena. En realidad lo que le otorga la cualidad de tal, es la intencionalidad de la misma. Esto es lo que determina si la mentira es o no es dañina. Y a propósito de ello, tenemos las mentiras inocentes que forman parte de nuestra vida cotidiana, o de relación. Su intención es evitar que el otro quede herido por una verdad. Por ejemplo cuando preguntamos: “¿Te gustó el look de mi ropa?” “ ¿Te gustó la comidita que te preparé?”

¿Cuáles son los distintos tipos de mentiras?

  • La mentira blanca o mentira piadosa: Está en función de ayudar al otro, de evitarle una caída emocional. Por ejemplo ante una enfermedad terminal hay quienes prefieren la verdad, pero otros necesitan con desesperación aferrarse a la esperanza de un mañana y de una posible curación.
  • La mentira destructiva: Son aquellas al servicio de una venganza, de hacer el mal, de perjudicar a otros, de ultrajar un prestigio, falsificar los hechos, distorsionar la verdad.
  • El autoengaño: Es la manera que tenemos para seguir haciendo lo que nos hace daño, apelando a cualquier excusa que sirva para auto-mentirnos. De esta forma seguimos abusandodeltabaco o de la comida, o de un vínculo adictivo que nos lesiona y daña.
  • Las mentiras dañinas: Hechas con afán de dañar, pueden verdaderamente lograrlo. Según las investigaciones psicológicas existe aproximadamente un 80% de personas que mienten y no se dan cuenta de las consecuencias que pueden ocasionar en los demás: desconfianza, dolor emocional, desvalorización, desasosiego. Estas personas están tan ensimismadas en ellas mismas que no se ocupan de mirar al semejante. Y hay un 20% que sí son conscientes de que mienten y disfrutan de hacerlo. Son estructuras que se complacen con el sufrimiento ajeno, disfrutan con desestabilizar emocionalmente a los demás, sin importarles si su conducta es ética o no.
  • La mentira compulsiva: Es un modo muy enfermo que se arraigó en la personalidad de quien miente y puede tomar formas extremas. Aquí se vive en un estado permanente de ansiedad, y cuanto más se miente, más deseo se tiene de seguir haciéndolo. Y esto, hasta llegar al punto de no poder diferenciar la realidad de la mentira, y terminar creyéndose su mentira. Esta enfermedad se llama megalomanía.

Usted dice que el miedo es el mayor causante de mentiras. ¿Cómo funciona esta idea en una pareja? ¿Cuáles son los miedos por los que mentimos?

Una de las emociones que más inciden en decir mentiras es el miedo. Y este miedo puede ser a diferentes razones o causas. Puede tratarse de miedo al abandono, a la pérdida de la persona amada, a la soledad, al que dirán, a enfrentar a la familia, etc. En última instancia, es el miedo a la verdad. O sea que aquí, la mentira es un mecanismo de defensa contra la angustia.

Joaquín Sabina en uno de sus temas dice “Y así fuecomoaprendí que historias de dos conviene a veces mentir […] Pero ella prefería escuchar mentiras piadosas”… ¿Las mujeres preferimos escuchar mentiras piadosas? ¿Por qué?

Y sí. Hay personas o momentos en la vida de algunas personas, que prefieren la mentira a la verdad. Y esto se da porque a veces las mentiras piadosas se hacen necesarias para soportar adversidades. Ninguna verdad debe matar la esperanza.

¿Las posturas o gestos nos pueden indicar que nuestra pareja está mintiendo?

Esta pregunta es interesante porque debemos saber que la mentira se expresa además,  por un lenguaje corporal, gestual, postural. Los gestos expresan emociones, sentimientos y actitudes. Muchas veces inconscientes, independientes de nuestra voluntad y que forman parte de nuestro sistema de comunicación. Para la teoría de la comunicación cada gesto equivale a una frase; cada gesto es veraz y fiel acerca de los sentimientos o actitudes de quien lo manifiesta.

¿Qué es lo que sucede a nivel gestual cuando mentimos?

Se produce un aumento del movimiento de las manos hacia la cara cuando estamos inseguros, exageramos o mentimos. Hay una tendencia a evitar el contacto visual, huir de la mirada que nos enfrenta. Esto siempre que hablemos de mentirosos ocasionales. Porque aquellos que mienten a conciencia, tienen la capacidad de mantener la mirada fija, mientras lo hacen. También los brazos y piernas cruzadas reflejan la actitud defensiva ante un posible cuestionamiento.

¿Y qué más sucede a nivel del rostro?

También se ha observado una contracción en los músculos faciales, y ello se debe a que el cerebro está mandando la orden de que la cara no debe mostrar reacción alguna. El FBI analiza “micro-expresiones” mínimas, con ayuda de una cámara que enlentece los movimientos. También hay tendencia a tocarse la nariz, bostezar, rascarse y ello se debe, según los estudios médicos, a que la circulación de la sangre aumenta su presión cuando la persona miente, y libera unas sustancias químicas -llamadas catecolaminas-, que provocan un grado de inflamación en las mucosas internas y de allí proviene la picazón.

¿Qué otros indicios nos puede dar?

Hay que tener en cuenta estos indicios claves:

– El mentiroso traga más saliva, pues tiene más sed.

– Presenta aceleramiento del ritmo cardíaco.

– Tiene lapsus en su discurso.

– Evita mirar al interlocutor.

– Disminuye el parpadeo.

– Aumenta las negaciones (“yo no fui, yo no lo hice”).

– Cambia de postura con frecuencia.

– Se toca la cara con frecuencia.

– Pueden transpirarle las palmas de las manos.

– Habla más rápido.

– Tiene conducta manifiesta de incomodidad.

¿Y en cuanto a las palabras?

Hay gestos que entran en contradicción con las palabras. O sea que puede suceder que con la palabra se diga una cosa, y con el tono de voz y la actitud corporal se diga otra. Por ejemplo, la cabeza se mueve diciendo “no” mientras al hablar está diciendo “sí”. Y también puede alterarse la voz, pues la violencia de optar por mentir, hace que las cuerdas vocales se tensen y distorsionen el volumen, el tono y la velocidad. Otra característica detectada en la voz, es el hablar rápido, manifestando así el deseo de acabar pronto con el tema.

¿Y por qué a veces no queremos darnos cuenta que nos mienten?

Porque preferimos dar vuelta la cara. Y ello se debe a un mecanismo que opera como un dispositivo protector ante el inminente dolor que acarrearía el saber la verdad. Este dispositivo es la negación, que es otro mecanismo de defensa a los efectos de seguir sosteniendo lo que no es. La negación puede encontrarse tanto en el que miente (“yo no fui”, “yo no sabía”) como en la persona que prefiere no saber la verdad (“está todo bien”, “no sabés cómo cambió”, “es otra persona”).

Finalmente licenciada, ¿Cómo podemos darnos cuenta cuando el otro nos miente?

Si bien no todas las mentiras son perfectas, muchas lo logran. Para darnos cuenta si nos mienten, es preciso captar lo indicios, conocer ciertas claves; son señales que duran una fracción de segundo, de modo que hay que agudizar la observación que se va desarrollando con conocimiento y práctica.

 SEÑALES QUE PUEDEN DELATAR A UN MENTIROSO

  • La respiración se acelera y se vuelve más superficial. Puede ser visible, notará que el pecho se agita; o puede ser audible, oirá que parece que se quedan sin respiración al hablar.
  • El aumento de la adrenalina puede hacer que se les seque la boca y que tengan que pasarse la lengua por los labios.
  • Tragar con exageración. Se debe a que la tensión muscular en el cuello estrecha la garganta. Al igual que sucede con la respiración, es posible verlo o detectar las pausas frecuentes al esforzarse en tragar.
  • Juguetear excesivamente con un objeto. Esto puede indicar que el sistema nervioso simpático se ha activado, y con él, el deseo de luchar o huir. Al reprimirlo aparecen movimientos nerviosos.
  • Rascarse, sobre todo la parte posterior de la cabeza. Tocarse de este modo tranquiliza y alivia.
  • Es habitual que, durante la mentira, se rompa el contacto visual. Es posible que el mentiroso crea que los ojos transmiten demasiada información. Esta pequeña señal de “bloqueo”, puede indicar el momento en que ya no aguanta más la presión.
  • Contacto visual excesivo e intencionado. Puede ser que sepan que desviar la mirada transmite falta de sinceridad y opten por quedarse mirando fijamente.
  • Gestos de distracción: emplear las manos u objetos para distraer a la persona de lo que le está diciendo.
  • Alteraciones del discurso: tartamudeo, repeticiones, pausas etc.
  • Hinchar el pecho para aliviar la tensión.
  • Los gestos de las manos aparecen después de las palabras. Cuando se es sincero, los gestos suelen preceder a las palabras, porque son la manera más rápida de expresar emociones e ideas.
  • Sentarse muy quieto, más de lo normal. Es posible que se trate de un intento de poner cara de póquer con todo el cuerpo. “Si no me muevo, el lenguaje corporal no me delatará”.

Fuente: Libro “La biblia del lenguaje corporal”, Judi James (Editorial: Paidós)

¿POR QUÉ FALLAN LAS MENTIRAS?

“Las mentiras fallan por muchos motivos. (…) La pista sobre el embuste o la autodelación puede presentarse en un cambio de la expresión facial, un movimiento del cuerpo, una inflexión de la voz, el hecho de tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente

profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un desliz verbal, una microexpresión facial, un ademán que no corresponde. La cuestión es: ¿por qué no pueden evitar los mentirosos estas conductas que los traicionan? A veces lo consiguen. Hay mentiras ejecutadas hermosamente, sin que nada de lo que se dice o hace las trasluzca. Pero ¿por qué no sucede esto en todos los casos? Las razones son dos, una de ellas vinculada con los pensamientos y la otra con los sentimientos.”

De “Cómo detectar mentiras” de Paul Ekman, autor que inspiró a los creadores de la serie televisiva LIE TO ME.


¿Por qué mentimos?

Las razones profundas de un recurso efectivo, pero doloroso para el otro

Para conseguir cosas, o para no perderlas o para hacer más bella la realidad. Muchas son las causas de la mentira. La cuestión es saber por qué la decimos y qué cosas “disfraza” ella de nuestra vida.

Solemos decir que odiamos la mentira, que no la toleramos, sin embargo nadie deja de decirlas. La usamos para obtener algo, para no perderlo, o simplemente como manera de embellecer o disimular algunos aspectos poco atractivos de la realidad. Según Watzlawick hay una “realidad inventada”. La mentira es uno de los recursos propios de la especie, todos los animales engañan, pero sólo nosotros, poseedores del lenguaje, podemos mentir.

La definición de mentira

Según el diccionario de la Real Academia es: “Expresión contraria a la verdad”. Mentira deriva de mens, que en latín significa mente, pues lo falso es pura invención de la mente. Mentir: “Dar a entender algo que no es verdad/ inducir a error, engañar”.

Nosotros para entendernos y compartir un código común diremos que la mentira es aquella falta intencional a la verdad. Si la mentira, o el ocultamiento se convierten en una práctica habitual, o centra la vida del individuo como es el caso de los secretos familiares, las consecuencias para la salud pueden llegar a ser graves. Una vida tejida con una trama de mentiras y ocultamientos equivale a una vida no saludable, con consecuencias psíquicas y somáticas, porque implica sostener ideales de bienestar a costa de un profundo miedo y una gran desconfianza en la propia capacidad para enfrentar las cosas. Por otra parte si alguien jamás hubiera mentido, en caso que eso fuera posible, estaríamos frente a alguien que todavía no se ha individualizado como persona. La mentira individualiza al niño, lo separa de su madre en tanto sujeto diferente a ella. Esto de alguna manera lo intuyen los adultos que suelen festejar esa picardía del niño.

LA HISTORIA DE LA NO VERDAD

• La historia de la humanidad comenzó con una mentira, y según la Biblia es la responsable de nuestra caída. Pero no en todas partes el juicio es tan negativo.

• En el Corán se dice: “La mentira es más un arte, una cualidad, que un pecado… cuando la verdad no trae más que sufrimientos”.

• Tampoco nos podemos olvidar de un clásico de la literatura oriental “Las mil y una noches” donde la mentira bien contada salva la vida de la protagonista y de otras doncellas.

• En Occidente la mentira no tiene tan buena prensa, quizás porque el concepto de verdad y la posibilidad de poseerla ha dado poder a muchos.

MENTIRA Y GÉNERO

Siendo como es un producto de nuestra mente, y por lo tanto de nuestra historia, de nuestras creencias, de nuestros vínculos, no es lo mismo la mentira de la mujer que la del hombre. Es imposible decir quién miente más si el hombre o la mujer, lo que sí podemos afirmar es que son mentiras diferentes.

LA MENTIRA EN LA MUJER

• Las mujeres somos más proclives a mentirnos a nosotras mismas porque socialmente estamos atravesadas por exigencias que, muchas veces van en contra de nuestros intereses e instinto.

• Se dice que la mujer es antes que nada “madre” y esto implica alguien heroico, generoso, capaz de prodigarse hasta el sacrificio, que su mayor ambición es servir al otro, y su satisfacción es dar felicidad a quienes ama. Ha sido educada para dar, ya sea a sus padres, hermanos menores, esposo, hijos. Durante siglos una buena mujer era la que no tenía deseos propios, de ahí que tuvo que aprender a resignarlos, aguantarlos, cuando no a disfrazarlos.

• El problema es que nosotras compramos ese ideal y muchas veces no sólo le mentimos a los otros para no defraudar sus expectativas, sino que también lo hacemos con nosotras mismas. Las mujeres pasamos sin solución de continuidad de “Santas“ a “Brujas”.

• Una mujer convencida de que si piensa primero en ella, es “egoísta”, una mujer para quien la rivalidad entre mujeres es inconcebible, una mujer que se exige satisfacer las expectativas de todos los que ama, esa mujer no puede sino mentirse.

• Para que podamos ser sinceras en primer lugar tenemos que habilitar nuestros deseos, y sentimientos.

• Decimos que las mentiras de las mujeres suelen ser emocionales porque lo que las ha puesto en juego suelen ser sentimientos: de envidia, humillación, celos, bronca que no nos atrevemos a mostrar para no caer en la polaridad temida y rechazada: la bruja.

LA MENTIRA DE LOS HOMBRES

• El hombre, por lo general, miente para sacar ventaja, para eludir responsabilidades, o para no tener que decir abiertamente que no.

• En general no vive sus mentiras con culpa porque las considera una necesidad y hasta es probable que ni siquiera considere que esté mintiendo.

• Al estar más disociado, sus mentiras quedan prácticamente encapsuladas, eso significa que no complican el resto de las áreas de su vida.

 

• Claro que hay casos en que toda la vida es una mentira, pero esto ya excede la mentira normal y entra en lo patológico, como es el caso de la película: “El Adversario”.

SUS EFECTOS EN EL OTRO

• Por lo general la mentira enoja y produce dolor, y no sólo porque el destinatario de la mentira se siente confundido y haya perdido con su interlocutor un código común, sino porque se siente excluido, se le ha roto la ilusión de unión con la persona que le mintió. De ahí que las mentiras más dolorosas son las que nos dicen las personas muy cercanas y amadas.

• La fantasía de ser uno con el otro, de que no hay nada que lo separe, se ha roto. Quien miente sabe que el otro es diferente a él, que está fuera y puede ocultarle el contenido de sus pensamientos. Aunque el motivo de la mentira sea no perder al otro, porque se lo ama y valora, en el instante que una persona miente está dejando a su interlocutor fuera de sí, se produjo un quiebre entre ambos.

• Hay veces que los destinatarios de las mentiras son cómplices del mentiroso.  Saben que le están mintiendo y no quieren descubrirla. En general, esto obedece a la comodidad, o al miedo.

• Por último ¿qué pasa con los que desconfían permanentemente, los que buscan pruebas de todo? Éstos probablemente jamás se hayan sentido unidos a nadie. Son los desconfiados, que permanentemente se sienten excluidos, y es probable que desde esta postura, utilicen ellos mismos la mentira como recurso.

POR QUÉ MENTIMOS?

… para conseguir algo que creemos no poder lograr por otros medios.

La mayor parte de nuestras mentiras obedecen al impulso de aparentar lo que no somos; y éste no es asunto menor, pues parece indicar que la mentira supone el reconocimiento implícito de la propia insignificancia (supuesta o real), la vaga sospecha de no ser, por uno mismo, suficientemente merecedor de interés o atención. Alguien lo bastante satisfecho de sí  no necesita recurrir a la mentira para adornarse con cualidades imaginarias o para desfigurar hasta la exageración las existentes. Es por eso que para algunos la mentira es una forma pervertida de la humildad (Alfonso Fernández Tresguerres).

Para no pagar precios,

Para no renunciar

Para conseguir cosas.

Para proteger un mundo de ilusión.

Para crear un mundo perfecto.

Mentimos cuando carecemos de recursos frente a una realidad determinada, por eso no son las situaciones las que nos llevan a mentir, sino nosotros quienes despojados de otras herramientas apelamos a ella para no aceptar una frustración.

Cuando una madre le dice a su hijito que el abuelo se fue al cielo, no lo hace por el niño tal como ella pretende, sino por ella, ya que le resulta insoportable la idea de la muerte.

Para no perder, sea lo que fuere esté en juego: estima, honor, consideración, amor, dinero, trabajo, etc.

Mentimos siempre por nosotros mismos, pero pocos son los que asumen esta verdad, en general decimos que lo hacemos por el otro, o porque las circunstancias lo requerían.

De esto podemos deducir una primera premisa:

“Siempre que mentimos lo hacemos por nosotros mismos”

CÓMO DESCUBRIRNOS A PARTIR DE LAS MENTIRAS:

Cuando alguien nos mienta, o nosotros lo hagamos pensemos:

¿Cuál es el propósito de la mentira?

¿Qué quiere obtener, o qué no perder?

¿Qué recurso debería tener para no mentir?

¿Qué fantasía hay detrás de la mentira?

¿Qué ilusión está preservando?

¿Qué pasaría si renunciara a aquello que intenta preservar o ganar?

Es importante tener en cuenta que la mayoría de las veces descubrimos que los efectos de la verdad son menos catastróficos de lo que creemos.

Asesoramiento: doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra.