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Miedos nocturnos

agosto 20, 2009

Para muchos chicos la noche se tiñe miedos. Como habitualmente se encuentran solos y están a oscuras, dormir les resulta amenazante. Así, más que un momento de descanso y lindos sueños, las horas nocturnas transcurren de susto en susto. ¿Cómo ayudarlos? Con afecto, comprensión y apoyo.

El miedo en los niños es un sentimiento normal y que se manifiesta con frecuencia desde temprana edad. Primero a través del lenguaje gestual y no verbal, luego a través de la palabra y mediante determinadas conductas, los chicos expresan su temor ante distintas situaciones que varían de acuerdo a la edad.

LOS MIEDOS SEGÚN LOS AÑOS

  • Al primer año de vida el miedo suele aparecer ante ruidos o personas extrañas.
  • Los chicos de 2 a 6 años en general se asustan con las tormentas, la oscuridad, los animales, las imágenes de seres fantásticos o al estar separados de los padres.
  • Entre los 6 y 10 años, le suelen temer al daño físico, al ridículo, a las enfermedades o los accidentes, al fracaso escolar o a los problemas de pareja de los padres.

¿Por qué se asustan?

  • El miedo por la noche es recurrente en distintas edades. Generalmente, se produce porque el recuerdo (conciente o inconsciente) de alguna situación conflictiva que a su vez se combina con el hecho de encontrarse solos y a oscuras.
  • El riesgo de tener pesadillas es también un motivo de miedo, especialmente en los niños pequeños que aún no pueden diferenciar lo real de lo imaginario.
  • En los más grandes, el miedo a ser atacados mientras duermen y la imposibilidad de defenderse de los peligros representa una amenaza que hace de la noche un enemigo potencial.
  • Además, las vivencias personales, el tipo de contención que reciben de su entorno, la forma en que se relacionan con el mundo, un mal recuerdo, algún objeto, la cara de un muñeco ubicado frente a la cama o simplemente una mancha en la pared pueden disparar el miedo.

¿Cómo ayudarlos?

En todos los casos, la actitud de los adultos será la clave para que puedan relajarse y aprender a dormir sin tanto miedo. Hay que evitar desvalorizarlos o retarlos y recordar que las órdenes no quitan el miedo. En cambio, dialogar al respecto, indagar e intentar descubrir qué le pasa al niño es una medida apropiada y que ayudará a que, paulatinamente, aprenda a dormir solo y tranquilo. En este sentido, el afecto y el apoyo del adulto es muy importante para lograr el cambio.

Consejos:

1. Dormir con luz

Dejar una luz encendida se convierte en la salvación de muchos padres que, cansados y algo desesperados, ya no saben cómo convencer al niño para que permanezca en su cama sin temores. En realidad, dejar una luz tenue no es ni bueno ni malo: es sólo un recurso más que puede ser efectivo mientras se está investigando qué cosas le están pasando al niño. Lo importante es acompañarlo y demostrarle mucho amor, ayudarlo a que pueda expresar lo que le pasa y darle tiempo. Así, gradualmente, el niño irá ganando confianza y seguridad en sí mismo.

2. Chequear el ambiente

Existen pequeñas acciones que podemos tener en cuenta al preparar el cuarto de dormir. Se trata de revisar ciertos aspectos no sólo de la decoración del ambiente sino también de la manera en que el niño se acuesta. En ocasiones, los objetos que cuelgan de las paredes forman sombras que asustan a los niños. En esos casos, lo mejor es retirarlas por la noche o colocarlas definitivamente en otro lugar por un tiempo. Muchos niños se asustan cuando creen posible la presencia de “alguien” detrás del armario, debajo de la cama o tras la cortina. En realidad, el acto de encender la luz inmediatamente y chequear junto al niño que todo se encuentra en orden, es una medida tranquilizadora.

3. Cuidar las emociones

El entorno emocional que se genera alrededor del niño al momento de descansar es muy importante: la prisa por que se duerma, el fastidio de los adultos frente al cansancio del día y las peleas familiares a la hora de cenar o antes de acostarse repercuten en la manera en que el niño se predispone a dormir. Además, el quedarse solos, lejos de la mirada de mamá o papá les genera inseguridad, especialmente si son pequeños. En estos casos, abrazar a un osito u otro peluche suele ayudarlos a sentirse acompañados y protegidos.

4. La fuerza de las rutinas

Asimismo, rutinas como el infaltable beso de las buenas noches, la entonación de una suave canción de cuna o la lectura de un cuento agradable predisponen al niño para dormir mejor. Del mismo modo, que se encuentren cómodos y con el abrigo justo también ayudará a que no despierten por causa del frío o del calor.  Recordemos que es importante evitar los entredichos o las discusiones antes de dormir y favorecer un clima de tranquilidad y seguridad que coopere con el buen descanso y disipe los miedos.

Los cuentos: ¿son útiles o no?

  • La lectura de cuentos suele ser un infaltable antes de dormir: desde los cuentos clásicos y las fábulas hasta las modernas y ágiles lecturas de hoy, los libros despiden el día y preparan al niño para el descanso.
  • Esta opción, que a los chicos habitualmente encanta, necesita ciertos recaudos. Si el momento de dormir es problemático y el miedo nocturno es una constante, la elección de la lectura ayudará a aumentar o disminuir esa tendencia.
  • Es aconsejable que los cuentos no tengan como protagonistas a personajes grotescos y que las historias ayuden a conciliar un sueño tranquilo, sin sobresaltos.
  • Además, buscar historias didácticas donde el miedo  a la oscuridad o a las tormentas se trate educativamente también puede ayudar, especialmente si se leen en otro momento del día.
  • A veces a los chicos les es difícil poner en palabras lo que les sucede. En este sentido, el inventar el comienzo de un cuento y dejar que el niño complete el resto de la historia es una actividad que dispara la creatividad y libera las emociones de manera natural. Así, se ayuda al niño a hablar sobre aquello que lo preocupa sin caer en un diálogo difícil y muchas veces forzado.

La opinión de la especialista

Lic. María Haydeé Recasens

Psicoanalista, especialista en niños y adolescentes

Miembro de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina) y de SAP (Sociedad Argentina de Pediatría).

  • Los chicos se asustan por la noche porque habitualmente se encuentran solos y están a oscuras. Además, aquello que sucedió durante el día y que quizás evoca alguna situación conflictiva o traumática que ha sucedido, es un estímulo que puede ocasionar temor. Lejos de ser una constante, los miedos pueden aparecer en determinados momentos, incrementarse en épocas de crisis, y desaparecer por completo durante períodos de variable duración.
  • La actitud de los adultos es fundamental para calmarlos. Brindar afecto y comprensión al niño, sin desvalorizarlo ni reírse, ayudará a que se sienta seguro y aprenda a dormir solo. A lo que se debe tender es a comprender el origen del miedo, explorando la vida individual y familiar”.

Cosas que nunca hay que hacer

  • Permitir que duerman en la cama matrimonial.
  • Retarlos y ordenarles que no tengan miedo.
  • Enojarse porque sienten miedo.
  • Desvalorizar al niño o reírse del miedo que siente.
  • Subestimar el motivo que ocasiona el miedo.

Cosas que siempre hay que hacer

  • Establecer algunas rutinas.
  • Ser cariñosos y amables a la hora de dormir.
  • Disponer de unos minutos para acostar al niño sin apuro.
  • Mantener el dormitorio ordenado y arropar adecuadamente al niño.
  • Ser pacientes si siente miedo.

Cuentos clásicos: una valiosa opción

Los cuentos clásicos son tan necesarios como los modernos. Además de ser un excelente recurso para comunicarse, expresar cariño y estimular el proceso madurativo, sirven para que los niños calmen sus ansiedades, angustias o temores, más allá del origen de éstas: una pesadilla, una vivencia traumática, la imaginación, etc.

En la infancia, los cuentos son apreciados con la misma intensidad que la vida misma. Crean experiencia sobre determinadas situaciones, como si se hubieran atravesado. Así, los cuentos también sirven para prevenir, para ayudar a superar un temor, para resolver un problema. Todos los chicos tienen cuentos preferidos, especiales. Su efecto placentero lo comprobamos porque ellos solicitan
escucharlos una y otra vez, hasta que pierden interés. Hay niños que disfrutan un mismo libro durante meses.

Algunos consejos, a la hora de elegir un cuento

*La edad del niño.

*El momento evolutivo.

*El contexto sociocultural.

Si son niños pequeños, es aconsejable que los cuentos contengan ricas imágenes. También son interesantes los sonidos. Los términos del relato deben ser sencillos. Leer para los más chiquitos requiere poner, por nuestra parte, gracia, claridad y, sobre todo, ganas de contar. Pueden combinarse con movimientos y gestos, exclamaciones, ternura, sonrisas y siempre emociones.

Si son niños en edad escolar, pueden buscarse cuentos más complejos, con argumentos más elaborados. Los cuentos ayudarán ahora a arraigar valores, a afianzar las diferencias entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, el respeto hacia el otro, el heroísmo o la belleza.

  • La lectura de cuentos es un recurso interesante para acompañar a los chicos. Sin embargo, es importante saber elegir un buen cuento, sin personajes extraños ni figuras amenazantes”.
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