Maternidad: Cómo construir los mejores vínculos con los hijos

No todos los hijos son iguales. Para las madres criar una nena tiene otras características que hay que saber manejar para que la relación no sea de rivalidad, sino de confianza y amor.

Este es un vínculo fundamental ya que es estructurante para el ser humano. Pero así como es de importante, es de conflictivo. Se puede decir que funda la personalidad y también los futuros vínculos de un niño.

La madre es quien interpreta y pone palabras al mundo del hijo, y también a sus sensaciones y sentimientos. Ella es quien frente al llanto del bebé dice: “tenés hambre, o te duele la panza”, además de devolverle la imagen de sí mismo: “Sos tranquilo, travieso, inteligente, peleador, etc.”

Si bien de muy pequeños los niños sólo saben lo que sus padres les dicen, a medida que crecen van teniendo su propia decodificación, pero las madres no siempre están dispuestas a aceptar este cambio.

UN CUENTO

Hay un simpático cuento que ilustra sobre este punto:

“Una familia va con su pequeño hijo de 7 años al restaurante. La camarera toma nota de lo que deseaban los adultos y después le pregunta al niño qué desea. El muchacho con timidez, después de mirar a sus padres, ordena un pancho.

Antes de que la mesera tuviera tiempo de escribirlo, la madre dice:

– Nada de eso. Tráigale una carne con papas.

La mesera hizo como que no la había escuchado y le preguntó  al chico:

-¿Solo o con ketchup?

– Con ketchup – respondió tímidamente el chico.

La camarera se fue sin darles tiempo a reaccionar. Se hizo un gran silencio por la sorpresa que la actitud de la moza había ocasionado, hasta que el chico reaccionó y les dijo a sus padres

-Vieron, ¡Qué curioso! ella piensa que soy real”.

La madre debería tener presente que la imagen que le devuelve a su hijo servirá de patrón para que él forme su identidad, y sus opiniones están atravesadas por su propia historia, creencias, y circunstancias. Cuanto mejor interprete las señales que da el niño,  mejores herramientas tendrá éste.

LA MATERNIDAD EN LA ADOLESCENCIA

Acabamos de repasar la función madre en los primeros estadíos de la vida de un hijo, pero veamos cómo sigue esta relación a través del tiempo y qué avatares sufre si el hijo es mujer.

Hacemos esta diferenciación, porque a partir de la adolescencia la relación va a tener diferentes vicisitudes según el género.

Sabemos que la adolescencia es un momento de despegue, el hijo luchará por diferenciarse de sus mayores, en especial con el progenitor del mismo sexo. Es un proceso importante, y necesario para su individuación.

    LUCHA DE PODERES

  • Entre padre e hijo no hay tanta posibilidad de rivalizar porque no comparten el mismo ámbito, el padre por lo general está en su trabajo, y el hijo en la escuela.
    • En cambio, para la madre y la hija las cosas no son tan sencillas, gran parte del día están en el mismo medio: “la casa”, y la lucha por el poder puede ser muy cruenta.
    • Es entonces cuando la figura del padre se vuelve fundamental. Él inclinará la balanza hacia una u otra. Si lo hace a favor de la madre y legitima su lugar, la hija, aunque molesta por la derrota, pondrá la meta afuera y buscará su lugar en el mundo.
    • Pero si el padre se hace el desentendido, no habilita a su esposa, o lo que es más grave se une a su hija, el resultado será trágico, fundamentalmente para la hija, ya que quedará atrapada por un triunfo doméstico y eso le impedirá salir al mundo a hacer su propia vida.
    • Cuando la hija vence a la madre, pierden todos, pero en especial la hija.

    EL TRIANGULO MADRE-PADRE-HIJA

    Este proceso que tan sintéticamente hemos comentado no es fácil para ninguno de los integrantes del triángulo.

  • El padre se verá obligado a intervenir en un conflicto que, por lo general, siente ajeno.
  • La hija, además de luchar por su espacio y reconocimiento como persona diferente a sus padres, deberá hacer el duelo por la madre idealizada de su infancia.
  • La madre, descubrirá emociones nuevas que jamás imaginó sentir. Nadie le advirtió a esa madre que puede sentir rabia contra ese ser tan amado, ni deseos de que se vaya de la casa. Estos sentimientos son tan ajenos y opuestos al amor incondicional,  generoso y sacrificado, que nos enseñaron como propios de la maternidad, que a menudo se los niega.

    SENTIMIENTOS QUE SE NIEGAN

  • La bronca no expresada, la envidia no reconocida termina por volverse contra sí misma causándole depresión. La mujer que no se permite sentir y expresar sus sentimientos hostiles por considerarlos monstruosos e impropios, los reprime, obligándose a renunciamientos que terminan por resentirla.
  • El circuito más frecuente es : Bronca – culpa – depresión Entonces la madre, hasta hace poco genial y amada, de pronto, por causa de “las hormonas”, que siempre son una buena excusa para explicar lo inentendible, se convierte en un ser amargo,  y con mal carácter.
  • Por eso es importante aclarar que la rivalidad edípica es para ambas, y es lógico que la madre sienta necesidad de luchar para conservar su lugar. Claro que su lucha debería ser  diferente de la de su hija, con otras herramientas, y el cuidado y amor suficiente para no destruir a su rival. Para lograr esto, la madre debe sentirse fuerte, y eso sólo puede conseguirlo si tiene el apoyo y reconocimiento del tercer elemento del triángulo, el padre de su hija. Si la madre no gana esta partida, la hija se quedará atrapada y la rivalidad continuará de por vida.

    CUANDO LA MADRE ES ABUELA

    Pero supongamos que este momento ha sido superado, la hija se ha ido de la casa para formar su propia familia, entonces sobrevendrá un momento de calma, siempre y cuando no se convoque a la madre, ahora abuela, para el cuidado de los nietos.

  • Si esto ocurre, recrudecerá la competencia, la “abuela – madre” intentará retener su lugar, y la “madre- hija” no podrá ocupar el suyo .

    CUANDO LA MADRE ENVEJECE

  • Hay otro momento crucial en la relación madre – hija: cuando la primera envejece y se invierte el lugar de cuidado y poder.
  • La hija pasa a ser quien sabe y puede, y quien se hace cargo de la madre anciana. Hay un refrán sefaradí que reza así : “cuando el padre da, ríe el padre y ríe el hijo, cuando el hijo da, llora el padre y llora el hijo” .

UN CUENTO CON MORALEJA…

“ Cuando la abuela se enfermó, el matrimonio la llevó a vivir con ellos, pero la anciana a raíz de su enfermedad no podía comer correctamente, por lo que su nuera decidió hacerla comer sola en su habitación, así ellos podían disfrutar de la mesa sin problemas.

Un día la hija menor estaba cosiendo una gran tela, y cuando la madre le preguntó qué era, la niña respondió  – Es un gran mantel para cuando vos seas viejita y comas sola en tu cuarto. La madre no respondió, pero a partir de ese día llevó a la anciana al comedor con todos.”

LA OPINIÓN DE LA ESPECIALISTA

Doctora Graciela Moreschi

“Si la relación fuera menos idealizada se podría valorizar la maternidad como un logro importante,  aunque imperfecto,  de la femineidad adulta”

  • Es imposible establecer un buen vínculo con la exigencia que éste sea perfecto, desinteresado, sacrificado, sublime.
  • Cuando un hijo no puede reconocer la mujer que hay en su madre, las ambivalencias y contradicciones de ella, lo enfurecerán.
  • Sí, en cambio, uno puede aceptar que la maternidad es uno de los roles de la persona que además es mujer, esposa, amiga, puede aceptarla con todo, comprender y hasta lamentar sus frustraciones pero sin hacerse cargo de ellas.
  • Es importante tener presente que uno no representa toda la vida de la madre, por lo tanto no debe,  ni puede taparle todos sus agujeros.
  • Muchas madres dan a sus hijas un doble mandato “No seas como yo, sé como mis sueños”, pero al mismo tiempo, le dicen “si no repites mi historia, si te liberas, serás una traidora”. Son madres que impulsan a sus hijas a ser más que ellas, pero están lejos de poder tolerar emocionalmente la angustia permanente de que su hija sea diferente y viva en un mundo alejado del que ella conoce. La idealización es la contraparte de la envidia.
  • Quiero dedicar un párrafo aparte a la crítica hacia la madre que se ha instalado en la literatura y en la vida de esta última mitad de siglo. Con la aparición de la psicología ella es la responsable de todos los males que le suceden al individuo.
  • Pareciera que estamos más aferrados a los conflictos y frustraciones de nuestra adolescencia que dispuestos a recordar el amor recibido en la infancia. Esto se debe a la ruptura dramática de la continuidad de nuestra cultura con el consecuente desplazamiento de los valores tradicionales.
  • Si la relación fuera menos idealizada se podría valorizar la maternidad como un logro importante,  aunque imperfecto,  de la femineidad adulta. Recordemos que, de lo recibido,  sólo podemos usar con derecho aquello que hemos agradecido.

LOS “NO” QUE DEBEN PRONUNCIAR LAS MADRES

La madre independiente, con tiempos propios, antes que madre es persona, mujer y probablemente sea más amada y admirada por su hija. Porque al no haber frustraciones en el vínculo no hay broncas ni culpas, y esto permite que la relación sea auténtica. Debemos decir:

  • No al amor sacrificado, cargado de culpas idealizaciones, tabúes, ambivalencias, y persecuciones.
    • No a la madre que crece entre la depresión y la fantasía mientras sus energías se absorben en ser para otros y postergarse.
    • No a las que necesitan hijos contenedores de sus frustraciones.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

  • ¿Qué deseamos tener o haber tenido como hija?
  • ¿Qué tenemos aprendido que podamos dar como madre?
  • ¿Cuándo nos amaron y cuándo no?
  • ¿Nuestra madre nos proporcionó la seguridad básica, la confianza y el refugio?
  • ¿Nos reveló que sintió por nosotros orgullo, confianza?
  • ¿Nos proporcionó elementos de trabajo?
  • ¿Le interesaron nuestra vida, nuestras vicisitudes como mujer?
  • ¿Fue presencia o ausencia?
  • ¿Estimuló nuestra libertad? ¿Celebró nuestros triunfos?

Breguemos por una sociedad donde se admitan vínculos más reales, donde haya confianza básica, cuidado mutuo, reciprocidad. Donde lo importante no sea sacrificarse por el otro sino saber escucharlo y mirarlo tal como es y no como querríamos que fuera.

Asesoramiento: doctora Graciela Moreschi.

  • No a las madres mártires que sostienen el sistema que las somete.