La generación “sandwich”

A cargo de los hijos grandes, que no se independizan, y los padres cada vez más longevos

Las crisis  económicas y sociales de los últimos tiempos afectaron directamente sobre la familia. Prueba de ello es que  a  los jóvenes se les dificulta  alcanzar la autonomía necesaria como para irse de la casa de sus padres; que a los abuelos  les cuesta mantenerse con sus jubilaciones y que a los padres se les vino más responsabilidad encima.

Cada vez es más frecuente encontrar personas de mediana edad que tienen a su cargo hijos que no logran independizarse y padres muy mayores  -ya que se alargó la expectativa de vida-  que requieren de una atención especial. De algún modo, tienen que ocuparse de ambos, sea económica y/o afectivamente. Y es así que viven tironeados de uno y otro lado, quedando ellos en el medio, presionados como el jamón del sándwich.

Por un lado están los hijos…

Cuando a los hijos les va bien en la vida, los padres están orgullosos. Si, en cambio, tienen dificultades, las reacciones son variadas. A veces se enojan con ellos o se desentienden de lo que les pasa, otras veces se preocupan y tratan de ayudarlos o se cuestionan qué hicieron mal. Como los hijos son, en cierto modo,  producto de la crianza de sus padres,  los padres sienten que se ponen a prueba en los logros y/ o fracasos de éstos.

Últimamente  se ha vuelto muy  difícil para los padres  poder ayudar económicamente a sus hijos y para éstos llegar alcanzar la solvencia necesaria para emanciparse.

Siendo así, los hijos, que ya tienen edad y ganas de estar solos o de formar sus familias, siguen viviendo con mamá y papá generándose una convivencia incómoda para ambas partes.

Por otro lado están los padres

El fenómeno de la prolongación de la vida ha provocado que los padres tengan que ocuparse de sus propios padres cada vez más longevos. A medida que transcurren los años, se acrecienta la dependencia de los  ancianos. Los adultos mayores demandan continuamente mucha atención.

Ocuparse de ellos no es una tarea grata ni sencilla.. Asistir al gradual deterioro de quienes fueron el principal referente afectivo es tan doloroso que conmueve hasta las fibras más íntimas.

Además los viejos suelen volverse caprichosos y no dejan ayudarse fácilmente.

Por eso los de la generación sándwich  suelen estar muy sensibles, agobiados y estresados.

¿Y en qué andan los de mediana edad?

Entre los cuarenta y cincuenta y  pico de años se toma conciencia de la finitud de la vida. Es una época donde se coteja lo que se hizo hasta el momento, tanto las  realizaciones personales como las frustraciones.

¿Cuánto se está conforme con lo que se tiene, con lo que se logró, con lo que se efectuó?

Y entonces-en el mejor de los casos-  comienzan los replanteos por lo que resta  hacer.

¿Qué se quiere  hacer, qué ya no se podrá, qué posibilidades quedan para modificar lo que no conforma?

Conjuntamente a estos cuestionamientos, es un momento  vital de  máximo despliegue y plenitud. Están  la pareja, los hijos, el trabajo, la casa.

Cuando se suman los replanteos y las responsabilidades se vuelve  frecuente estallar de algún modo  ¿Cómo no perder la calma ante tantas obligaciones y exigencias?

Cuando no se puede más…

Si bien el umbral de tolerancia al estrés no es para todos igual y hay quienes resisten mayores presiones  que otros, somos humanos, no súper héroes. En la vida todo tiene su límite y hay un punto en el que  se agotan las fuerzas.

Lo conveniente es no llegar hasta ese punto. Emplear todos los recursos necesarios para poder parar a tiempo y evitar llegar al extremo máximo. Muchas veces cuando no se es consciente del nivel de estrés que se está padeciendo, el impacto lo sufre el cuerpo.  Es él quién, lamentablemente,  avisa que no se puede más: insomnio, hipertensión, trastornos hormonales, alergias, cefaleas, etc. indican a los gritos que  se agotaron las fuerzas …a un costo demasiado alto, complicándose aún más toda la situación.

Cuando lo que explota es la pareja….

Tener que ocuparse de tantas cosas a la vez provoca, a menudo, que se desatienda a la pareja. Descuidarla, enojarse con ella, demandarle que se ocupe más de los problemas, suele desgastar una convivencia que ya lleva su tiempo. Y en medio de esas desavenencias se empiezan a pasar facturas por antiguas deudas del pasado.

En término generales cuánto más conforme se esté con la pareja mejor se podrá sobrellevar este trance. Pero cuando las cosas no andan demasiado bien, saltan conflictos que estaban acallados.  Aunque se lo quiera negar,  siempre el hilo se corta por lo más delgado. Será cuestión de andar con más cuidado, para no empeorar las cosas.

¿Y los que están solos…?

Para los que están solos las cosas también son complicadas…Atender a los hijos y los padres a la vez, sin tener con quién compartir una opinión ni recibir un consejo ni  poder apoyarse en alguien, se torna muy arduo. Por eso suelen sentir que llevan el peso del mundo sobre sus hombros.  Compartir con otros permite dosificar las fuerzas y pensar con mayor claridad.  Todos necesitamos recibir colaboración y una palabra de consuelo en momentos difíciles.

Cuando no se tiene pareja poder encontrar con quién o quiénes aflojarse  ayuda muchísimo. Consultar con  amigos, parientes, compañeros del trabajo,  ex pareja,  permite hallar cierto alivio. La ayuda llega muchas veces de donde menos se la espera.