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Helioterapia: Baños de sol que curan

octubre 3, 2011

El sol estimula las defensas, mejora el ánimo y alivia el dolor, pero hay que saber como tomarlo para beneficiarse de todas sus propiedades y evitar los riesgos.

En la dosis adecuada, el sol también es beneficioso para la salud e, incluso puede utilizarse como tratamiento. Le mostramos como aprovechar las propiedades beneficiosas de las radiaciones solares y evitar sus riesgos de manera natural.

La actual cultura del sol está dominada por el ideal del cuerpo perfectamente bronceado. En esa búsqueda de belleza, y a pesar de los riesgos asociados al exceso de exposición solar,  muchos no dudan en tumbarse el día completo bajo los rayos UV. Sin embargo, la helioterapia ofrece un modelo alternativo, donde la salud y el bienestar están en primer lugar.

PERO, ¿QUÉ ES LA HELIOTERAPIA?

La acción terapéutica de la radiación solar es conocida como helioterapia. Practicados con moderación, los baños de sol son utilizados desde épocas remotas para combatir y tratar diversas enfermedades y para mantener el buen estado de salud general. Estos se pueden realizar en distintas zonas ambientales o climáticas, ya sea en el mar o en la montaña, y se pueden practicar tanto en invierno como en verano. No obstante, no es recomendable que el clima en que se realiza la terapia sea demasiado cálido ni demasiado frío. Los días secos, templados y con cielo despejado son los más indicados.

Salvo excepciones, la mayoría de las personas tiene la capacidad de adaptarse al sol, que puede tomarse en dosis pequeñas y moderadas sin necesidad de recurrir a cremas. Si se quiere disfrutar de una exposición más larga o se desea proteger las zonas más delicadas –las menos expuestas durante el resto del año- es fundamental recurrir al uso de protectores solares.

LOS EFECTOS DEL SOL

El sol emite diferentes tipos de radiaciones y cada una posee efectos particulares sobre la salud y el organismo:

▪   Fortalecedor óseo: La radiación ultravioleta del tipo B (UVB) favorece la síntesis de vitamina D, la cual necesitamos para que el calcio y el fósforo se fijen en los huesos y para metabolizar los hidratos de carbono.

▪   Acción antibacterial: Bajo la acción de las radiaciones ultravioleta muchas bacterias pierden la capacidad de reproducirse, reducen su vitalidad y mueren. Cuando nos exponemos al sol, esta acción antibacterial se produce directamente sobre la piel. Por otra parte, existe un efecto antibiótico indirecto porque la luz solar aumenta la cantidad de células inmunitarias –glóbulos blancos- en la sangre.

▪   Antidepresivo: La luz del sol resulta imprescindible en la regulación de la secreción de hormonas y neurotrasmisores. Por eso, cuando escasea se multiplican las probabilidades de sufrir depresión e incluso, pueden producirse desordenes del estado de ánimo.

▪   Antiinflamatorio: El sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico. Los dolores musculares, debidos a contracturas o contusiones, y las inflamaciones superficiales pueden ser aliviadas gracias a la helioterapia. Incluso la tensión arterial se reduce al dilatarse las pequeñas venas que recorren la piel.

LA FUERZA CURATIVA DEL SOL

Los baños de sol están indicados para combatir y tratar diversas enfermedades y desordenes. Estos son los más habituales:

Anemia: El déficit de glóbulos rojos, que transportan oxigeno, es una de las indicaciones tradicionales de la helioterapia. Los rayos del sol, especialmente los tomados en la alta montaña, provocan un aumento directo de los glóbulos rojos en circulación y aceleran la curación si se complementa con una dieta especial o con suplementos.

Trastornos Digestivos: La cura solar puede incluirse en el tratamiento de malas digestiones, estreñimiento, falta de apetito, diarrea, cólicos y candidiasis. Los efectos positivos se deben a una mejor circulación de la sangre en los órganos relacionados con la digestión, lo que estimula la secreción de jugos gástricos y la asimilación de los nutrientes. Pero no conviene tomar baños de sol cuando hay hemorragias, inflamaciones o acidez en el estómago.

Sistema Respiratorio: Se recomiendan los baños de sol de la cintura para abajo con el fin de descongestionar los pulmones, al mismo tiempo que la persona se beneficia de las propiedades antibióticas y fortalecedoras.

Osteoporosis: Es una de las indicaciones evidentes, puesto que el sol provoca la síntesis de vitamina D y esta ayuda a fijar los minerales en los huesos. Por esta misma razón, los baños de sol, especialmente si se realizan a orillas del mar, están indicados en casos de fracturas.

Diabetes: El sol -como la dieta, el ejercicio y los baños de aire- estimula el funcionamiento del metabolismo y en consecuencia la secreción de insulina y la asimilación de los hidratos de carbono.

Genitales: Los baños de sol sobre los órganos genitales de la mujer son eficaces en la sequedad vaginal, las infecciones por hongos, las menstruaciones dolorosas y la insuficiencia en los ovarios. En el hombre, la cura solar se utiliza contra la impotencia, la erección débil y las inflamaciones de la próstata.

Afecciones de la piel: La helioterapia consigue excelentes resultados sobre ciertas clases de acné y las impurezas de la piel. En otras enfermedades más complejas, como el eccema, la psoriasis o las heridas que no cicatrizan, también está indicada como tratamiento complementario y bajo control médico. En muchos casos se recomienda combinar el sol con los baños de agua de mar y la dieta.

Enfermedades renales y urinarias: Al activar la circulación de la sangre, el sol mejora el funcionamiento de los riñones y favorece la eliminación de líquidos. Mediante la intervención sobre la asimilación de los minerales, los rayos solares pueden prevenir la reaparición de cálculos.

Trastornos nerviosos: Además de la depresión estacional, los baños de sol están indicados en la depresión leve, la falta de vitalidad, la irritabilidad y la anorexia. El tratamiento ideal de los trastornos nerviosos consiste en realizar jornadas completas de contacto con los elementos naturales, paseando entre árboles, tomando a lo largo del día breves baños de sol, seguidos de baños de agua y sesiones de ejercicio físico. Si la terapia se realiza en grupo, los efectos beneficiosos se multiplican.

BAÑOS DE SOL TERAPÉUTICOS Y SEGUROS

La helioterapia utiliza la exposición al sol de manera dosificada. En este sentido, no es correcta la idea de que “cuanto más sol, mejor salud”. Para que los baños solares produzcan sólo beneficios es necesario tener en cuenta factores como el tipo de piel, la época del año, el lugar y la hora del día. El aumento progresivo de la exposición es el gran secreto.

  • El sol de montaña, con aire limpio y seco, y presión atmosférica baja estimula  el sistema nervioso y el metabolismo. También está indicado para reforzar el sistema respiratorio.
  • La helioterapia marina, bajo la enorme luminosidad que causa la reflexión en la arena y el mar, y con una temperatura y humedad moderadas, resulta sedante y está recomendada para tratar problemas circulatorios y en casos de debilidad general.
  • Evitar las horas de mayor intensidad solar, principalmente en los meses de verano. Lo ideal es aprovechar las primeras horas de la mañana (entre las 8 y las 11) o las últimas de la tarde (después de las 16).
  • Comenzar la exposición al sol progresivamente. El primer día basta con cinco minutos. Los especialistas recomiendan empezar por los pies y cada día sumar cinco minutos y ampliar la zona de exposición. Al quinto día, se puede incluir la zona del pecho y el baño puede durar 25 minutos.
  • Después de diez días, el tiempo máximo de exposición es de 50 minutos, divididos entre la parte anterior y posterior del cuerpo. Conviene realizar pausas para tomar un baño o ponerse a la sombra durante 15 minutos, hacia la mitad del baño de sol.
  • La cabeza debe estar siempre cubierta y los ojos protegidos con anteojos de sol.
  • El baño de sol nunca debe dejar sensación de agotamiento, sino que debe ser estimulante. Por eso, si se nota cansancio al finalizar el baño solar, es signo de que la dosis de helioterapia ha sido excesiva.
  • Tras cada sesión es necesario refrescarse con agua, empezando por la cabeza y luego friccionando los brazos, las piernas, la espalda y finalmente el vientre. En la playa, zambullirse en el mar es la forma más natural y placentera de recuperar la temperatura normal.
  • Permanecer acostado no es la única manera de tomar sol. De hecho es mejor moverse, pasar del sol a la sombra (controlando el tiempo bajo el sol) y hacer algún ejercicio suave, si es posible entre árboles.

El sol es fuente de vida y energía, y por eso, la helioterapia como medio terapéutico ha sido utilizada por el hombre desde la más remota antigüedad.

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