Cuando envejecemos
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La relación madre-hijo/a es un lazo fundamental, ya que es estructurante para el ser humano. Pero así como es de importante, es de conflictivo. Funda la personalidad y las futuras relaciones de un niño.
Cuando son pequeños, los niños sólo saben lo que sus padres les dicen. A medida que crecen van teniendo su propia decodificación. Y la adolescencia es un momento de despegue, el hijo querrá diferenciarse de sus mayores, y es donde comienza la lucha de poderes.
La confrontación y rivalidad entre madre e hija suele llegar a ser la más cruenta. Y cuando la hija vence a la madre, pierden todos, pero en especial la hija.
Comienzan a surgir sentimientos que se niegan, el circuito más frecuente es: enojo- culpa- depresión. La rivalidad edípica es para ambas, y es lógico que la madre sienta necesidad de luchar para conservar su lugar, claro que su lucha debería ser diferente de la de su hija, con otras herramientas, y el cuidado y amor suficiente para no destruir a su rival.
Suponiendo que este momento ha sido superado, la vida transcurre y la mamá se transforma en abuela. Este es un momento crucial en la relación: se invierten los roles y el lugar de cuidado y de poder. La hija pasa a ser quien sabe y puede, y quien se hace cargo de la madre anciana.
Hay un refrán sefaradí que reza así: “cuando el padre da, ríe el padre y ríe el hijo, cuando el hijo da, llora el padre y llora el hijo”.
Breguemos por una sociedad en donde lo importante no sea sacrificarse por el otro sino saber escucharlo y mirarlo tal como es y no como quisiéramos que sea, donde haya confianza básica, cuidado mutuo, reciprocidad.
Un cuento con moraleja….
“Cuando la abuela se enfermó, el matrimonio la llevó a vivir con ellos, pero la anciana a raíz de su enfermedad no podía comer correctamente, por lo que su nuera decidió hacerla comer sola en su habitación, así ellos podían disfrutar de la mesa sin problemas.
Un día, la hija menor estaba cosiendo una gran tela, y cuando la madre le preguntó qué era, la niña respondió – Es un gran mantel para cuando tú seas viejita y comas sola en tu cuarto. La madre no respondió, pero a partir de ese día llevó a la anciana al comedor con todos”.
