Aversión al sexo
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Suponer que en medio de tanta modernidad haya personas que temen a su propia sexualidad no parece coherente con los tiempos que corren. Sin embargo existen trastornos psicosexológicos de estas características en un porcentaje notable de la población.
¿Qué significa “miedo al sexo”?
Esta situación se presenta en personas que no consideran su sexualidad como algo natural y placentero, sino que, si bien reconocen que pueda serlo para “los demás”, para ellos/as es difícil o imposible.
¿Cómo se manifiesta este problema?
De muchas maneras, evitación del contacto físico, aún besos, caricias y relaciones sexuales; vergüenza o desagrado a verse, tocarse, higienizarse o que lo/la vean desnudo/a, asco por ciertas partes del cuerpo propio o de la pareja, intolerancia a los olores o formas del cuerpo, muchas veces crisis de llanto o de pánico ante la inminencia de un contacto sexual, evitación o postergación de relaciones sociales y mucha angustia al no comprender “por qué me pasa esto a mí”.
¿Esto se puede llamar fobia?
El nombre clínico es Trastorno por aversión al sexo. Se puede asociar a la definición de fobia, que es “el temor exagerado a una situación que se considera extremadamente peligrosa”. Lo que hemos observado en los pacientes es que si bien el temor manifiesto es a la relación o contacto sexual o al cuerpo propio o de la pareja, en la profundidad y a nivel inconciente los miedos son otros y la expresión de ese miedo es en el área sexual.
¿Cuál es la causa de esto?
Existen muchas causas, tantas como pacientes, pero intentando sintetizar diría, falta de conocimiento acerca de la anatomía y funciones corporales, mitos y folklore acerca del sexo visto como algo despreciable y sucio, exceso de sobreprotección y prevención exagerada en el hogar paterno, educación religiosa que descalifica la sexualidad, modelos adultos no amorosos y falta de cariño a los hijos, vacío de diálogo familiar en personas con características fóbicas en general (aparece asociada a otras fobias), miedo al embarazo y al parto, a las enfermedades de transmisión sexual y desprecio por el propio rol de género, ya sea mujer o varón.
¿Las manifestaciones siempre son tan graves?
En realidad, existen síntomas mucho más sutiles, entonces para hacer un buen diagnóstico hay que tener en cuenta otros factores, si no, se puede confundir con otra disfunción y no se medica adecuadamente. Por ejemplo, una falla eréctil o el deseo sexual inhibido pueden ser manifestaciones del trastorno por aversión sexual y no se puede prescribir simplemente viagra u otro tipo de tratamiento porque no va a funcionar.
¿Cómo debe tratarse este trastorno?
En primer lugar debe hacerse un correcto diagnóstico y después tenemos muchas alternativas: la acción combinada de fármacos, educación sexual, resignificación de la función y técnicas analíticas asociadas a cognitivo comportamentales, dependiendo de cada paciente y de su pareja, quien es de mucha utilidad, ya que apoya, conforta y aún participa en el tratamiento.
¿Y qué sucede si los pacientes no tienen pareja?
Deben tratarse por ellos mismos, para mejorar su calidad de vida. Muchas veces sucede que después del tratamiento los pacientes refieren que han logrado un notable progreso en su forma de relacionarse social y familiarmente y han mejorado su desempeño laboral o profesional. No nos olvidemos que la sexualidad es una parte importante, un poderoso motor psicofísico y social.
¿Cuánto tiempo dura un tratamiento?
Depende del grado de compromiso que el/la paciente tenga y de una buena comunicación profesional-paciente. En general, los tratamientos sexológicos son breves y yo siempre digo que deben ser lo más breves que se pueda, porque con seguridad los pacientes han esperado muchos años para consultar y el sufrimiento no admite más demoras.
Cuestionario de orientación
1- Pensar en tener relaciones sexuales ¿me produce miedo o repugnancia?
2- Verme desnuda/o o tocar ciertas partes de mi cuerpo ¿me hace sentir incómoda/o o me impresiona?
3- Ver desnudo/a a mi pareja o tocar ciertas partes de su cuerpo ¿me hace sentir incómoda/o o me impresiona?
4- ¿Evito tener relaciones sexuales por miedo a sentir dolor o rechazo al contacto físico?
5- Cuando he intentado tener relaciones, ¿he llegado a un punto en que se me hace insoportable y las interrumpo aunque no sienta dolor?
6- ¿He tenido actividad sexual “por compromiso”, deseando que termine lo antes posible porque siento rechazo al ser acariciada/o?
7- ¿He consultado o realizado tratamientos médicos/psicológicos sin resultado?
Responder afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, justifica una consulta sexológica.
